Caminaba segura, desafiante y provocativa. ¿Exageraba? ¿Se
esforzaba demasiado? Con su vestido, con su ropa, era quien quería ser. Pero
desnuda se perdía. No había forma de disimular sus caderas, su figura era real,
ahora no dibujada ni soñada. Su estatura ya no sobresalía. Apenas si se veía.
La cirugía, la ropa, el maquillaje se inventaron para
mentir.
El tiempo es tu verdugo, entonces.
Podés vestir tu cuerpo, disfrazar tu personalidad, moldear
tu figura pero si tu mente se apaga, no sos nada, muñeca.
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