Está prohibido y por eso le encanta. El fuego, quemarse, la
atrae más que lo estético. El desafío de poder perder todo lo que se sostiene
por un hilo la hace sonreír más que sus palabras. No le den tiempo, ni un
segundo a su mente para imaginar, porque puede y sabe manipular su corazón. Se
embriagó una vez con sus misterios, ¿quién dice que una segunda vez no es
definitiva? El no poder por partida doble hace que hoy lo quiera más. Menos mal
que no lo sabe. Por suerte su lado racional todavía le ata las manos y no puede
gritar su seducción. Todavía atina a rechazar sus ofertas, a fingir naturalidad
y un poco de indiferencia. Todavía no se equivocó sus nombres, pero no la
provoquen ni la dejen sola para que sus ganas de jugar a quemarse queden en
ganas solamente.
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