martes, 3 de enero de 2012

Viaje a la mente minita


Ayer alguien me dijo “no puedo creer que amar a alguien sea tan fuerte” y es una de esas frases que te quedan dando vueltas en la cabeza. Yo, por ejemplo, pensé en eso casi toda la noche. Y si bien sé que en la conversación en la que surgió esa frase lo que voy a decir no era la idea, me pareció que tenía un poco que ver.
Creo que las minas, dentro de su lado minita, sienten demasiado, y exageran todavía más. Lo primero es sacar el “amar” porque, bueno, porque si bien se puede incluír, son la menor cantidad de casos.
La mina cuando siente, por más que sea un simple crush, o alguna sensación tonta por el estilo, se pone estúpida, por lo cual su nivel minita aumenta un 65%. Un ejemplo: minita ve a un chabón, comienza a gustarle y entonces cualquier boludez que tenga pasa a sumar puntos. Pero no son cosas de verdad, son boludeces. Ni hablar si muestra algo de intelecto. A medida que pasa el tiempo (y la palabra tiempo en este caso cuenta desde un par de días en adelante) cualquier acción del muchacho puede ser una “muestra de”. Lo único que muestra en realidad es lo boluda que podemos llegar a ser.
Ahora, si lo pensamos, eso no jode a nadie si es un simple crush. Nos damos un toque la cabeza contra la pared y esperamos la próxima víctima de nuestros insultos. Nada más.
El problema, el posta, viene cuando la minita boluda actúa en situación de enamorada. En ese momento, y no me preguntes por qué, las cosas buenas (y repito: no cosas importantes, las cosas BOLUDAS) comienzan a sumar, pero suman tanto que le ganan a cosas malas. En esa instancia donde no importa si el pibe te cagó, te mintió, te jodió, te trató mal, le chupaste un huevo (además de lo literal), no importa porque usa esa camisa rayada larga, porque tiene ese único hoyuelo derecho, porque cuando se enoja le sale una arruga divertida entre las cejas, porque hace esas caras y te hace reír. Y sos una pelotuda, por eso también. Otras razones, un toque más profundas: porque en el momento en el que menos lo esperás te llega ese mensaje, porque te saluda de la forma más original con un mensaje subliminal que automáticamente te hace sonreír y te hace olvidar por qué estabas enojada. Porque te lo cruzás y, contra todas las posibilidades, se te acerca a saludarte con una mano en tu cintura. Porque le preguntás de manera casual (o por lo menos que parezca casual, pero vos lo pensás bien) la cantidad de días así apróximados y él te lo dice casi con minutos. Nada, más de tu pelotudez, que alcanza su punto máximo con la frase "ya está, me caso".
Igual chicos, la posta, cuanto más conozco mi lado minita (y más minitas) no entiendo cómo hacen para soportarnos. Pensamos todo. TODO. Y queremos todo, aunque no queramos nada en realidad. Y el mayor problema de todo es cuando aparece algo como una suerte de final, aunque es una mentira, tras revisar varios ejemplos me di cuenta de que no existe tal cosa, no existe “final”. Por lo menos no para las minitas
¿Sabés qué es lo más loco? Que nada de lo que pienses ahora que vas a querer o te va a gustar o vas a hacer va a pasar en serio. De un día para el otro llega en el lugar menos pensado un pibe lindo. Además de lindo directo. Además de directo te va a buscar dos veces a la playa. Además te lo encontrás en todos lados. Además te manda mil y un mensajes. Además caminan juntos (cual película de bajo presupuesto) a la tarde por la playa. Además le hablás del "Day of the tentacle" o de Zelda y sabe de qué estás hablando. Además te va a buscar a la salida del boliche y te acompaña llevando a tus amigas borrachas a la casa. Además te regala un collar playero. Lo lógico sería "ya está, me caso" y sin embargo la minita rompe bolas no se casa nada, porque como diría Mónica de Friends no sentís "the thing".

Si me preguntás a mí qué quiero, es simple:
Quiero que

A) Matthew Goode
B) Jude Law
C) Charlie McDonnell

me lleve a Esquel. 

1 comentario:

Anónimo dijo...

Voto por Charlie.