No puedo
volver sobre mis pasos. Sé que no es miedo, porque eso tiene relación con lo
desconocido y con el futuro. Todo lo contrario a lo que ya pasó. Puede que sea
rechazo, pero no lo tengo tan claro. Solo sentí rechazo una vez.
No es una
cosa, ni una persona ni una época. Es como si todo lo recorrido fuera un gran
vacío, y que en el momento en que algo aparece en mi mente, en que era barrera
se rompe, un escalofrío me recorre la espalda y sacudo mi cabeza enérgicamente,
como una nena que acaba de despertar de una pesadilla. Leo y envidio a quienes
pueden abrazar a sus recuerdos, como si fueran ese oso de peluche con el que
dormíamos de chicos cuando teníamos miedo. Yo los esquivo, cruzo de vereda si
los veo.
Recién
ahora, en mi autodeterminada terapia, vuelvo con pies de detective a incursionar
no en recuerdos, sino en quién era yo hace algún tiempo. Curioso que a pesar de
ser tan negada al pasado, tengo todo lo que fui al alcance de las manos.
Benditas y
venenosas las palabras, que no saben mentir, ni ahora ni ayer.
No hay comentarios:
Publicar un comentario